Qué es y curiosidades sobre la basura electrónica

Qué es la basura electrónica

La basura electrónica, también conocida como desechos tecnológicos o e-basura, son los residuos provocados por los aparatos electrónicos cuando finalizan su vida útil, se vuelven obsoletos o son desechados por una versión más moderna. La basura electrónica se ha convertido en un problema serio a nivel mundial por la ingente producción de aparatos electrónicos que se fabrican todos los años, debido al bajo coste de su creación que sumado a los continuos avances de las nuevas tecnologías hacen que muchos equipos se desechen cuando están estropeados o se sustituyen en poco tiempo por otros equipos de moda. Un ejemplo es el campo de los teléfonos móviles o los ordenadores personales.

A nivel mundial, se generan alrededor de 50 millones de toneladas todos los años, cifra que aumenta cada año de modo descontrolado y se suman a los residuos ya existentes. Los números dejan un escenario desalentador para el problema de cara al futuro, para muchos no hay esperanza de que encontremos una solución definitiva.

Consecuencias del problema

El principal agravante de los desechos tecnológicos son las sustancias que participan en su fabricación, generando residuos tóxicos. En funcionamiento solo contaminan con la cantidad de electricidad que requieren para su uso. Pero en los vertederos estos aparatos reaccionan al contacto con el agua y la materia orgánica, desprendiendo en el suelo del entorno unas sustancias peligrosas que contaminan el ecosistema y los pozos subterráneos, siendo un peligro para el hombre y los animales cercanos. Además, algunos de los componentes son capaces de provocar incendios en condiciones de calor extremo. Con el fuego estos desechos llenan el aire con gases tóxicos que luego caen sobre el terreno en forma de lluvia. Los metales que afectan a los seres vivos interactúan de unos a otros por medio de la cadena alimenticia.

Algunas de las sustancias más frecuentes son el mercurio, peligroso para el sistema nervioso y el cerebro tanto del hombre como de animales, el plomo, afecta a la capacidad intelectual del cerebro y es grave para el sistema circulatorio, el cadmio, causante de cáncer y otros problemas derivado del sistema digestivo y circulatorio, el níquel, perjudicial para los pulmones y fuente de abortos, o el arsénico, altamente tóxico y capaz de causar la muerte. Estos son solo unos pocos ejemplos.

Otro grave incidente relacionado con la basura electrónica son las toneladas de desechos que envían los principales países del mundo a otros en vías de desarrollo, con el pretexto de enviar material electrónico desfasado tecnológicamente como donación cuando en realidad la mayoría son aparatos inservibles. Se acumulan cerca de las poblaciones donde, además de envenenar sus tierras, muchas personas, en su mayoría niños, se aventuran en las montañas tóxicas para recuperar componentes reutilizables para así ganarse la vida.

Empresas y países que más la generan

Hablar sobre las empresas que más basura electrónica generan es complicado debido a que los estudios de este tipo lo realizan organismos no oficiales, como las ONG. Lo más cercano son listas sobre las empresas que más contaminan en general, incluyendo la polución que expulsan al aire, los residuos en agua y otros elementos sólidos como la e-basura. En esas listas vemos a grandes empresas de electrónica, gran productor de equipos electrónicos y un referente en dispositivos móviles. En general los productos electrónicos de cualquier empresa terminarán en la basura, aunque esto depende del consumidor.

En lo que se refiere a los países generadores sí que se cuenta con datos más concretos. La Universidad de las Naciones Unidas (UNU) elaboró un informe sobre la basura electrónica en 2014. Vemos una lista con los mayores productores encabezada por Estados Unidos y seguido por China, Japón, Alemania, e India. Solo los dos primeros acaparan un tercio de los residuos totales.

Los consumibles de impresión, tóners y cartuchos.

Los desechos derivados de las impresoras modernas como los cartuchos de tinta, los tóner u otros consumibles también se incluyen en la categoría de desechos electrónicos debido a su contenido de metales, algunos tipos de disolventes y otras sustancias orgánicas peligrosas para el medio ambiente. Por no hablar de materiales como el plástico que tarda un mínimo de 300 años en descomponerse en la naturaleza.

Posibles soluciones para paliar el problema

La solución más eficiente para reducir el problema de la basura tecnológica es el reciclaje. Pero ese reciclaje debe hacerse de modo eficiente y regulado para que no acaben inundando a otros países más pobres. Existen ONG que se dedican a recolectar de forma gratuita los componentes para su reciclaje, e incluso algunas empresas se han concienciado y recogen sus productos cuando el cliente no los necesita. Con el reciclaje no solo se evita la acumulación de residuos, también se reparan equipos para que vuelvan a ser utilizados y se recuperan componentes cuya creación genera agentes tóxicos. Incluso se obtienen materiales como el oro o el platino, que son muy valiosos y conseguirlos mediante minado es problemático para el terreno. En el caso de los consumibles solo por el hecho de conseguir reutilizar las carcasas de plástico ya tenemos muchísimo ganado, ya que el plástico es uno de los peores residuos que existen.

Es importante que los gobiernos regulen el reciclaje con medidas prácticas y eficientes para concienciar a los ciudadanos, que no sean una mera imagen para luego destinar parte de los residuos a los vertederos u otros países.

Por otra parte, además de campañas de información sobre el reciclaje de equipos electrónicos, es necesario que la personas, e incluso empresas, se conciencien sobre un consumo responsable de aparatos tecnológicos. No es sostenible cambiar de móvil u ordenador cada poco tiempo por las modas o por nuevas mejoras que incluyan. Con ello fomentamos la creación de más basura electrónica.

La obsolescencia programada, programar una vida útil para un producto, es otro factor que deben cambiar las empresas. Si se fabrican productos para que dejen de funcionar en pocos años, aunque las empresas consigan mayores beneficios, fomentan que sus productos acaben tirados en la basura, además de ser una práctica poco ética para el consumidor.

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